La Coctelera

JOTAELE...

Los amigos se hieren con la verdad para no matarse con la mentira. No me gusta la palabra tolerancia, pero no encuentro otra mejor. El amor empuja a tener, hacia la fe de los demás, el mismo respeto que se tiene por la propia.

3 Febrero 2008

Vivencias...

Ocurrió durante un mes de voluntariado en las vacaciones de verano.

Cuando llegamos a Nairobi (Kenya) nos preguntábamos cómo nosotros,
inexpertos universitarios, podríamos ayudar en aquella África sucia,
polvorienta y calurosa.

Quizá arreglando tejados..., pero no teníamos experiencia en construcción.

Quizá pintando un colegio... pero no sabíamos de pintura. Lo que sí
teníamos claro era nuestra intención de darnos totalmente a los demás.
Sin embargo, recibiríamos mucho más de lo que logramos dar: tuvimos la
suerte de entrar en contacto con el Tercer Mundo, a través de un
alojamiento para niños moribundos de las Hermanas de la Caridad en
Nairobi.

Todos entramos en aquella casucha, un tugurio sin muebles, con poca
luz. Contrastaban las hamacas llenas de niños enfermos y lloriqueando
con los limpísimos trajes talares blancos y azules de las Hermanas de
la Caridad, que rebosaban alegría. Yo me quedé bloqueado, en mitad de
la habitación.

Nunca había visto nada así. Mis compañeros universitarios se
esparcieron por las estancias, siguiendo a distintas monjas, que
requerían su asistencia.

Una hermana me preguntó en inglés:

- ¿Has venido a mirar o quieres ayudar?

Sorprendido por tan directa pregunta y en estado de sopor, balbucié:

- A ayudar...

- ¿Ves a ese niño de allí, el del fondo que llora?

Lloraba desconsoladamente, pero sin fuerza.

- Sí, ése (le dije señalándolo).

- Bien: tómalo con cuidado y tráelo. Lo bautizamos ayer.

Lo noté con una fiebre altísima. El niño tendría un par de años.

- Ahora tómalo y dale todo el amor que puedas...

- No entiendo... - me excusé

- Que le des todo el cariño de que seas capaz, a tu manera... -Y me dejó con el niño.

Le canté, lo besé, lo arrullé... dejó de llorar, me sonrió, se durmió...

Al cabo de un rato busqué llorando a la hermana:

-Hermana: no respira...

La monja certificó su muerte:

- Ha muerto en tus brazos... Y tú le has adelantado quince minutos con
tu cariño el amor que Dios le va a dar por toda la eternidad.

Entonces entendí tantas cosas: el cielo, el amor de mis padres, el amor
de Jesús, los detalles de afecto de mis amigos...: mi viaje a Kenya
supuso un antes y un después en mi vida. Ahora sé que todos tenemos
"kenyas" a nuestro alrededor para dar amor cada día.

Tags: amor, reflexiones

servido por jorgel 1 comentario compártelo

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

elcorazondelmar

elcorazondelmar dijo

¿Es cierta esta historia Jorge? Tanto si es como si nó, el hecho de saber plasmarla como si la estuvieses viviendo dice lo que siempre quieres decir. Que eres de los que dan amor y generosidad a los demás aunque a veces mires sin ver o veas sin mirar que son cosas diferentes.

Me alegra ver que aun con intermitencia deseas continuar por estos lares. me alegro por tí.

Un beso

3 Febrero 2008 | 08:24 PM

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Quiero que opines, sin aconsejarme.
Quiero que confíes en mi, sin exigirme.
Quiero que me ayudes, sin intentar decidir por mi.
Quiero que me cuides, sin anularme.
Quiero que me mires, sin proyectar tus cosas en mi.
Quiero que me abraces, sin asfixiarme.
Quiero que me animes, sin empujarme.
Quiero que me sostengas, sin hacerte cargo de mi.
Quiero que me protejas, sin mentiras.
Quiero que te acerques, sin invadirme.
Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten, que las aceptes y no pretendas cambiarlas.
Quiero que sepas, que hoy, hoy puedes contar conmigo.
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