20 Agosto 2007
Mi abuelo amaba la vida - especialmente cuando podía hacerle una broma a alguien.
Hasta que un frío domingo, mi abuelo pensó que Dios le había jugado una broma. Entonces no le causó mucha gracia. Él era carpintero.
Ese día particularmente él había estado en la Iglesia haciendo unos baúles de madera para la ropa y otros artículos que enviarían a un orfelinato a China.
Cuando regresaba a su casa, metió la mano al bolsillo de su camisa para sacar sus lentes, pero no estaban ahí. Él estaba seguro de haberlos puesto ahí esa mañana, así fue se regresó a la Iglesia. Los buscó, pero no los encontró.
Entonces se dio cuenta de que los lentes se habían caído del bolsillo de su camisa, sin él darse cuenta, mientras trabajaba en los baúles que ya había cerrado y empacado. ¡Sus nuevos lentes iban camino a China!. La Gran Depresión estaba en su apogeo y mi abuelo tenia 6 hijos.
Él había gastado 20 pesos en esos lentes. "No es justo" le dijo a Dios mientras manejaba frustrado de regreso a su casa. "Yo he hecho una obra buena donando mi tiempo y dinero y ahora esto".
Varios meses después, el Director del orfelinato estaba de visita en el país. Quería visitar todas las Iglesias que lo habían ayudado cuando estaba en China, así que llegó un domingo en la noche a la pequeña Iglesia a donde asistía mi abuelo. Mi abuelo y su familia estaban sentados entre los fieles, como de costumbre.
El misionero empezó por agradecer a la gente por su bondad al apoyar al orfelinato con sus donaciones. "Pero más que nada", dijo "Debo agradecerles por los lentes que mandaron. Verán, los comunistas habían entrado al orfelinato, destruyendo todo lo que teníamos, incluyendo mis lentes. ¡Estaba desesperado! Aún y cuando tuviera el dinero para comprar otros, no había donde. Además de no poder ver bien, todos los días tenia fuertes dolores de cabeza, así que mis compañeros y yo estuvimos pidiendo mucho a Dios por esto. Entonces llegaron sus donaciones.
Cuando mis compañeros sacaron todo, encontraron unos lentes encima de una de las cajas". El misionero hizo una larga pausa, como permitiendo que todos digirieran sus palabras. Luego, aún maravillado, continuó: "Amigos, cuando me puse los lentes, eran como si los hubieran mandado hacer justo para mí!,
¡Quiero agradecerles por ser parte de esto!".
Toda las personas escucharon, y estaban contentos por los lentes milagrosos. Pero el misionero debió haberse confundido de Iglesia, pensaron. No había ningunos lentes en la lista de productos que habían enviado a China.
Pero sentado atrás en silencio, con lágrimas en sus ojos, un carpintero ordinario se daba cuenta de que el Carpintero Maestro lo había utilizado de una manera extraordinaria.
Reflexiona:
La obra de Dios no la hacen personas extraordinarias, sino personas ordinarias que están comprometidas con Él. Puede que digamos a Dios: «No soy nada, no tengo dones, muchas veces fracaso miserablemente. ¿En verdad quieres usarme?»
Cuando preguntamos: «¿Desea Dios usarme realmente?», la respuesta es clara. Dios escoge a «lo débil del mundo para avergonzar a lo fuerte»
Dios ha estado usando personas ordinarias como tú y como yo durante miles de años. ¿Por qué habría de detenerse ahora?
SE BUSCAN: PERSONAS ORDINARIAS PARA HACER UNA OBRA EXTRAORDINARIA.
servido por jorgel
1 comentario
compártelo
13 Agosto 2007
Eramos la única familia en el restaurante con un niño. Yo senté a Daniel en una silla para niño y me di cuenta que todos estaban tranquilos comiendo y charlando. De repente, Daniel pegó un grito con ansia y dijo, "Hola amigo!"
Golpeando la mesa con sus gorditas manos, sus ojos estaban bien abiertos por la admiración y su boca mostraba la falta de dientes en su encía.
Con mucho regocijo él se reía y se retorcía.Yo miré alrededor, vi la razón de su regocijo.
Era un hombre andrajoso con un abrigo en su hombro; sucio, grasoso y roto.
Sus pantalones eran anchos y con el cierre abierto hasta la mitad y sus dedos se asomaban a través de lo que fueron unos zapatos.
Su camisa estaba sucia y su cabello no había recibido una peinilla por largo tiempo.
Sus patillas eran cortas y muy poquitas y su nariz tenía tantas venitas que parecía un mapa.
Estábamos un poco lejos de él para saber si olía, pero seguro que olía mal.Sus manos comenzaron a menearse para saludar.
"Hola bebito, como estas muchachón," le dijo el hombre a Daniel.
Mi esposa y yo nos miramos, "Que hacemos?"
Daniel continuó riéndose y contestó: "Hola, hola amigo."
Todos en el restaurante nos miraron y luego miraron al pordiosero. El viejo sucio estaba incomodando a nuestro hermoso hijo.
Nos trajeron nuestra comida y el hombre comenzó a hablarle a nuestro hijo como un bebe.Nadie creía que era simpático lo que el hombre estaba haciendo.Obviamente el estaba borracho.Mi esposa y yo estábamos avergonzados.
Comimos en silencio, menos Daniel que estaba súper inquieto y mostrando todo su repertorio al pordiosero, quien le contestaba con sus niñadas.
Finalmente terminamos de comer y nos dirigimos hacia la puerta.
Mi esposa fue a pagar la cuenta y le dije que nos encontraríamos en el estacionamiento.
El viejo se encontraba muy cerca de la puerta de salida.
"Dios mío, ayúdame a salir de aquí antes de que este loco le hable a Daniel" -dije orando, mientras caminaba cercano al hombre.
Le di un poco la espalda tratando de salir sin respirar ni un poquito del aire que él pudiera estar respirando.
Mientras yo hacía esto, Daniel se volvió rápidamente en dirección hacia donde estaba el viejo y puso sus brazos en posición de "cárgame."
Antes de que yo se lo impidiera, Daniel se abalanzó desde mis brazos hacia los brazos del hombre.
Rápidamente el muy oloroso viejo y el joven niño consumaron su relación amorosa.
Daniel en un acto de total confianza, amor y sumisión recargó su cabeza sobre el hombro del pordiosero.
El hombre cerró sus ojos y pude ver lágrimas corriendo por sus mejillas.
Sus viejas y maltratadas manos llenas de cicatrices, dolor y duro trabajo, suave, muy suavemente, acariciaban la espalda de Daniel. Nunca dos seres se habían amado tan profundamente en tan poco tiempo.
Yo me detuve aterrado.
El viejo hombre se meció con Daniel en sus brazos por un momento, luego abrió sus ojos y me miró directamente a los míos.
Me dijo en voz fuerte y segura: "Usted cuide a este niño."
De alguna manera le conteste "Así lo haré" con un inmenso nudo en mi garganta.
El separó a Daniel de su pecho, lentamente, como si tuviera un dolor.
Recibí a mi niño, y el viejo hombre me dijo: "Dios le bendiga, señor. Usted me ha dado un hermoso regalo."No pude decir más que un entrecortado gracias.
Con Daniel en mis brazos, caminé rápidamente hacia el auto.
Mi esposa se preguntaba por qué estaba llorando y sosteniendo a Daniel tan apretadamente, y por qué yo estaba diciendo:
"Dios mío, Dios mío, perdóname."
Yo acababa de presenciar el amor de Cristo a través de la inocencia de un pequeño niño que no vio pecado, que no hizo ningún juicio; un niño que vio un alma y unos padres que vieron un montón de ropa sucia.
Yo fui un cristiano ciego, cargando un niño que no lo era.
Yo sentí que Dios me estuvo preguntando: "Estás dispuesto a compartir tu hijo por un momento?
"Cuando El compartió a su hijo por toda la eternidad.
El viejo andrajoso, inconscientemente, me recordó aquellas palabras que dicen: "De cierto os digo, que el que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él." (Marcos 10:15)
El futuro pertenece a quienes creen en la belleza del verdadero AMOR.
servido por jorgel
2 comentarios
compártelo
10 Julio 2007
Una noche tormentosa hace muchos años, un hombre mayor y su esposa entraron a la antecámara de un pequeño hotel en Filadelfia. Intentando conseguir resguardo de la copiosa lluvia la pareja se aproxima al mostrador y pregunta:
"¿Puede darnos una habitación?"
El empleado, un hombre atento con una cálida sonrisa les dijo: "Hay tres convenciones simultáneas en Filadelfia... Todas las habitaciones de nuestro hotel y de los otros están tomadas"
El matrimonio se angustió pues era difícil que a esa hora y con ese tiempo horroroso fuesen a conseguir dónde pasar la noche. Pero el empleado les dijo: "Miren... no puedo enviarlos afuera con esta lluvia. Si ustedes aceptan la incomodidad, puedo ofrecerles mi propia habitación. Yo me quedare terminando trabajo de oficina"
El matrimonio lo rechazó, pero el empleado insistió de buena gana y finalmente terminaron ocupando su habitación.
A la mañana siguiente, al pagar la factura el hombre pidió hablar con él y le dijo: "Usted es el tipo de gerente que yo tendría en mi propio hotel. Quizás algún día construya un hotel para usted". El conserje tomó la frase como un cumplido y se despidieron amistosamente.
Pasaron dos años y el conserje recibe una carta de aquel hombre, donde le recordaba la anécdota y le enviaba un pasaje de ida y vuelta a Nueva York con la petición expresa de que los visitase. Con cierta curiosidad el joven no desaprovechó esta oportunidad de visitar gratis Nueva York y concurrió a la cita.
En esta ocasión el hombre mayor le llevó a la esquina de la Quinta Avenida y la Calle 34 y señaló con el dedo un imponente edificio de piedra rojiza y le dijo: "Mi Nombre es William Waldorf Astor, he contruido este hotel y quiero que usted sea el Gerente General, este es el hotel que he construido para usted".
El empleado miró anonadado y dijo: "Es una broma, ¿verdad?" "Puedo asegurarle que no", le contestó con una sonrisa cómplice el hombre mayor.
Y así fue como William Waldorf Astor construyó el Waldorf Astoria original y contrató a suprimer gerente de nombre George C. Boldt (el empleado en la noche lluviosa).
"Tu vida ahora, es el resultado de tus actitudes y elecciones del pasado.
¡Tu vida mañana será el resultado de tus actitudes y elecciones hechas HOY..!"
servido por jorgel
4 comentarios
compártelo
22 Junio 2007
Hiram creció en un hogar sin amor. Nunca vio a su madre derramar una lágrima. Su padre fue siempre frío y áspero.
El más grande temor de Hiram en la vida era de que llegase a ser lo que su padre ya lo consideraba: un fracaso. A la edad de 17 años, pesando sólo 55 Kg., Hiram se enroló en la Academia Militar de los Estados Unidos. Él no quería asistir a la Academia Militar. De hecho, menospreciaba la Academia Militar, pero no se atrevió a desafiar el deseo de su padre.
Al comienzo se desempeñó pobremente en sus estudios, pero, al adaptarse, sus calificaciones mejoraron gradualmente y para cuando se graduó, su promedio figuraba apenas debajo de la mediana de su clase.
Poco después de la graduación, regresó a su pueblo natal vistiendo su uniforme militar. Para su vergüenza, cuando llegó, ¡la gente de su comunidad se rió de él! Simplemente no podían aceptar a un "fracaso" como Hiram como soldado.
Esta humillante recepción dejó una profunda impresión en Hiram para el resto de su vida. Años después, tras llegar a convertirse en un general de tres estrellas, Hiram se sentía incómodo luciendo el uniforme. En consecuencia, cada vez que podía, vestía una camiseta con tres estrellas cosidas en cada hombro en vez de su uniforme regular.
Eventualmente Hiram se sobrepuso al sarcasmo y ridículo recibido de su familia y "amigos" alcanzando el rango militar más alto cuando fue nombrado el líder del Ejército de la Unión.
¡Y qué líder llegó a ser! Y es que, verán, Hiram es conocido por nosotros hoy como Ulises S. Grant, ¡el gran general del Ejército de la Unión que más tarde llegaría a ser presidente de los Estados Unidos!
Hiram experimentó humillación; experimentó rechazo; experimentó fracaso. Pero porque rehusó definirse a sí mismo por los escollos de su pasado, porque perdonó a sus atormentadores y olvidó sus fracasos, ¡Ulises S. Grant pudo buscar muy dentro de sí mismo y desatar todo su potencial!
Yo mismo no hago cuenta de "haber" lo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome á lo que está delante.
servido por jorgel
4 comentarios
compártelo
18 Junio 2007
Por 52 años mi padre se levantó cada mañana a las 5:30 a.m., excepto el domingo, y se fue a trabajar. Por 52 años estuvo de vuelta a las 5:30 p.m., como reloj, para cenar a las 6:00 p.m.
No recuerdo que mi padre “saliese con los muchachos” o libase licor. Todo lo que pedía de mi como su hija, era sostener su martillo mientras reparaba algo, para que pudiésemos tener un tiempo para conversar.
Nunca vi a mi padre regresar enfermo del trabajo, ni tampoco tomarse una siesta. No tenía entretenimientos más allá de cuidar de su familia.
Por 22 años, desde que dejé el hogar para ir a la universidad, mi padre me llamó cada domingo a las 9:00 a.m. Siempre estuvo interesado en mi vida, sobre cómo le iba a mi familia, y nunca le oí quejarse de su vida. Las llamadas las hizo aún cuando él y mamá estaban en Australia, Inglaterra o Florida.
Hace nueve años, cuando compré mi primera vivienda, mi padre de 67 años, invirtió ocho horas al día por tres días en el intenso calor de Kansas, pintándola.
No me dejaba pagarle a alguien que lo hiciera. Todo lo que pedía era un vaso de té frío, y que le sostuviese la brocha de pintura para poder conversar conmigo. Pero yo estaba demasiado ocupada, tenía una práctica legal que ejercer, y no podía disponer del tiempo para sostener una brocha o hablar con mi padre.
Hace cinco años, a la edad de 71, otra vez en el sofocante calor de Kansas, mi padre invirtió cinco horas armando un columpio para mi hija. De nuevo, todo lo que pedía era que le llevase un vaso de té frío y le hablase. Pero nuevamente yo tenía ropa que lavar y una casa que limpiar.
Hace cuatro años, mi padre condujo desde Denver a Topeka, con un plantón de árbol, original de Colorado, de ocho pies, en su maletero, para que mi esposo y yo pudiésemos tener un poco de vegetación de allá en nuestra tierra. Yo me preparaba para un viaje ese fin de semana y no pude pasar mucho tiempo atendiendo a papá.
La mañana del domingo 16 de enero de 1996, mi padre me telefoneó como siempre, esta vez desde el hogar de mi hermana en Florida. Conversamos sobre el árbol que me había traido, “El Gordo Alberto”, pero esa mañana lo llamó “El Gordo Oscar” y parecía haber olvidado algunas cosas que habíamos conversado la semana anterior. Como tenía que ir a la iglesia, abrevié y corté la conversación.
La llamada me llegó a las 4:40 p.m., ese día: mi padre estaba en el hospital en Florida con un aneurisma. Tomé un avión de inmediato, y mientras iba en camino, pensé en todas las veces en que no había tomado el tiempo para hablar con mi padre. Me di cuenta que yo no tenía idea de quién era él o cuáles eran sus más profundos pensamientos.
Decidí que al llegar, le compensaría por todo el tiempo perdido y tendría una conversación larga y agradable con él para realmente conocerle. Llegué a Florida a la 1 a.m.; mi padre había muerto a las 9:12 p.m. Esta vez fue él quien no tuvo tiempo para hablar conmigo o tiempo para esperarme. En los años desde su muerte he aprendido mucho acerca de mi padre, y aún sobre mí misma.
Como padre nunca me pidió nada excepto mi tiempo; ahora tiene toda mi atención, todos y cada uno de mis días.
Nos cuesta a veces darle el tiempo precioso a quién realmente se lo merece. Sin duda esas personas no nos niegan el suyo.
Un relato de un periodista que admiro...
Yo casi no conocí a mi viejo. El tipo se separó de mi mamá cuando era muy chico y pocas veces lo vi durante mi infancia, recién en estos últimos años volvimos a encontrarnos y empezamos a conocernos de nuevo. Es algo raro, pero muy gratificante finalmente.
Si bien esa ausencia en mi niñez fue algo que me marcó a fuego, siempre supe que yo no era el único pibe al que le había pasado. "Mal de muchos, consuelo de tontos", decía mi abuela.
Tal vez por eso mismo es que me cuesta hablar de lo que tiene que ver con la filosofía de "ser padre". Si bien no tuve esa definida guía en mi vida, sí tuve una paternidad sustituta en muchas otras imágenes de gente que conocí a lo largo de tantos años. Amigos, familiares, etc.
Durante mis años de desarrollo siempre solía preguntarme a mí mismo cómo sería tener un padre en casa. Qué se suponía que hacía un padre en su papel de guía. Trataba de entenderlo al ver a mis amigos con sus progenitores. En sus espontáneos diálogos familiares y en sus didácticos juegos diarios en los que sus padres se dejaban vencer por ellos. Todo un gesto.
Por momentos deseaba estar en el lugar de esos chicos. Aunque después me daba cuenta que esa falta de papá estaba ampliamente sustituida por la presencia de mi querida abuela. Ella hizo de padre, madre y amiga en mi vida. Con una complicidad increíble a pesar de nuestra diferencia de edad.
Sería injusto si no nombrara también a mi tío Jorge, quien muchas veces ofició de improvisado papá. El tipo solía jugar conmigo a los más insólitos juegos. Recuerdo, entre otras cosas, cómo jugábamos a la lucha libre. El debe creer que yo no lo sabía, pero siempre tuve claro que él se dejaba vencer por mi. Y ambos éramos momentáneamente felices.
Si bien esos juegos no sucedían muy a menudo, me saciaban espiritualmente en mi necesidad de paterno afecto.
Más allá de eso, aunque la vida no me haya dado un padre como hubiera querido, sí me dio un montón de otras cosas que no hubiera conocido de no haber sido mi historia como fue.
Yo supe aprender de esa carencia de figura paterna para saber cómo actuar en mi vida. Sé que no abandonaría jamás a mis hijos y nunca permitiría que les falte nada.
Tengo en mi vida una ventaja que muchos no tienen: sé lo que se siente cuando no se tiene papá. Y eso me ayuda a la hora de tratar de ser la mejor persona que pueda para mis hijos. En lo que necesiten.
No existe un libro que diga como ser padre y, si existiera, seguramente no lo compraría. Dudo mucho de las recetas globales sobre comportamiento humano. Cada persona es especial y encierra un mundo en sí misma. Somos todos tan diferentes que nadie podría decir cuáles son los pasos del éxito futuro de las personas.
Como padre estimo que debe ser igual. Cada uno hace lo que puede. Tal vez lo más importante de ese "hacer lo que se puede" es que florezca desde los mejores sentimientos del corazón.
Tengo pocas certezas en cómo ser padre. Y tengo un millón de dudas.
Sé certeramente que la relación del padre con sus hijos es muy diferente a la de una madre. El padre es como una mezcla de amigo, compañero y maestro. Y lo que resulta difícil es -justamente- saber en qué momento tomar cada uno de esos roles, sin mezclarlos.
También sé que los padres son el reflejo principal de lo que somos. Ellos nos muestran sus subjetivos valores para que podamos conducirnos con rectitud en la vida. Para que seamos buenas personas.
Los padres son esos seres especiales a los que permitimos decirnos cosas tremendas sólo porque sabemos que lo hacen por nuestro bien. Esas cosas que no le permitiríamos siquiera insinuar a nuestros mejores amigos.
Los padres son esas personas a las que criticamos cuando nos muestran nuestros errores, pero que no dudamos en llamar cuando tenemos problemas.
Los padres son los tipos que siempre van a estar ahí cuando nadie más esté.
Los padres son, en definitiva, nuestros eternos mejores amigos. Nunca lo olvidemos.
Felicidades a todos...
servido por jorgel
3 comentarios
compártelo
17 Junio 2007
En un día caluroso de verano en el sur de Florida, un niño decidió ir a jugar en la laguna detrás de su casa. Salio corriendo por la puerta trasera, se tiró en el agua y nadaba feliz.
Su mamá desde la casa lo miraba por la ventana, y vio con horror lo que sucedía. Enseguida corrió hacia su hijo gritándole lo más fuerte que podía. Oyéndole el niño se alarmó y miró nadando hacia su mamá. Pero fue demasiado tarde. Desde el muelle la mamá agarró al niño por sus brazos. Justo cuando el caimán le agarraba sus piernitas. La mujer jalaba determinada, con toda la fuerza de su corazón.
El cocodrilo era más fuerte, pero la mamá era mucho más apasionada y su amor no la abandonaba. Un señor que escuchó los gritos se apresuró hacia el lugar con una pistola y mató al cocodrilo. El niño sobrevivió y, aunque sus piernas sufrieron bastante, aún pudo llegar a caminar.
Cuando salió del trauma, un periodista le preguntó al niño si le quería enseñar las cicatrices de sus piernas. El niño levanto la colcha y se las mostró. Pero entonces, con gran orgullo se subió las mangas y dijo: "Pero las que usted debe de ver son estas". Eran las marcas de las uñas de su mamá que habían presionado con fuerza. "Las tengo porque mamá no me soltó y me salvó la vida".
Nosotros también tenemos cicatrices de un pasado doloroso. Algunas son causadas por nuestros errores, pero algunas son la huella de Dios que nos ha sostenido con fuerza para que no caigamos en las garras del mal. Dios te bendiga siempre, y recuerda que si te ha dolido alguna vez el alma, es porque Dios, te ha agarrado demasiado fuerte para que no caigas.
FELIZ DÍA DEL PADRE A TODOS LOS PAPIS DEL MUNDO
servido por jorgel
1 comentario
compártelo
16 Junio 2007
¿Has observado que el panorama suele verse mas negro poco antes de ocurrir un viraje positivo? El hombre de negocios afirma que justo antes de hacer su fortuna, estaba a punto de claudicar. Le llegaba el agua al cuello cuando, de repente, todo empezó a cambiar.
A punto de renunciar, se mantuvo firme justo lo necesario para dar a su trayectoria un giro de ciento ochenta grados y cosechar los frutos.
Quizás te haya ocurrido que cuando sientes que no vale la pena vivir, aparece una persona en tu vida que eleva tu animo hasta las nubes.
La vida es así porque existe el principio del "cuarto para las doce".
Siempre hace mas frío y esta mas oscuro antes del amanecer. Si resistimos lo suficiente, recibiremos nuestra recompensa.
En el acto de dar a luz, este principio entra en acción. Justo antes del gran milagro de la vida, la resistencia de la futura madre es sometida a una prueba de fuego, por medio de intensos dolores y gran angustia
(¡dice mi mama que valió la pena!).
En cuanto reconocemos la existencia del "cuarto para las doce", la vida pierde mucho de su carácter traumático. En efecto, la creación parece someternos a prueba todo el tiempo, para ver si en verdad tomamos en serio nuestras metas. Si resistimos ese poquito mas...
Conocer este principio es tener una buena ventaja, cuando todo es un caos, podemos decirnos: "¿de modo que todo marcha mal? Eso quiere decir que aquello por lo que tanto he luchado puede estar a la vuelta de la esquina".
Por lo tanto, deberíamos sentirnos mejor.
Generalmente estamos a prueba, en alguna forma, antes de recibir algo valioso. Si estamos conscientes del principio del "cuarto para las doce" y enfrentamos las dificultades conscientes de que son parte del proceso de lograr el éxito, en primer lugar no seremos desertores y, en segundo, obtendremos lo que queremos en la vida.
Cuando todo se ve "color de hormiga negra" puede ser el momento de celebrar. Quizás ya estés cerca de la meta.
Amigos, que esta semana sea el "cuarto para las doce" de sus mas caros anhelos.
servido por jorgel
2 comentarios
compártelo
15 Junio 2007
Si un niño vive criticado
Aprenderá a criticar
Si un niño vive en un ambiente hostil
Aprenderá a pelear
Si un niño vive ridiculizado
Aprenderá a ser tímido
Si un niño vive avergonzado
Aprenderá a sentirse culpable
Si un niño vive en tolerancia
Aprenderá a ser paciente
Si un niño vive con aliento
Aprenderá a tener confianza
Si un niño vive estimulado
Aprenderá a apreciar
Si un niño vive con honradez
Aprenderá ser justo
Si un niño vive con seguridad
Aprenderá a tener fe
Si un niño vive con aprobación
Aprenderá a valorarse
Si un niño vive con aceptación y amistad
Aprenderá a encontrar el amor en el mundo
servido por jorgel
1 comentario
compártelo